Empieza.

La primera vez que hice lettering tenía 8 años de edad, y no tenía la más mínima idea de que eso era lo que estaba haciendo. Mis papás compraron nuestra primer computadora familiar, una Acer de escritorio con Windows XP y Microsoft Office. Apenas había empezado la primaria, y estaba completamente anonadado por esta máquina que para mí era del futuro. No pasaron más de cinco segundos después de encender la computadora cuando le pregunté a mi mamá donde estaban los juegos y me dijo que no tenía. Entonces me puse la tarea de buscar algo que me entretuviera, porque a los siete años es lo único que quieres. Entre clics y botones, colores y saltos, encontré Paint: me enamoré instantáneamente. Todas las tardes después de ese día, me sentaba religiosamente en esa poderosa máquina y me ponía a dibujar por horas.

Esta nueva tecnología cambio totalmente todo mi mundo básicamente, y lo hizo presentándome uno completamente nuevo ahí mismo en la sala de estar de la casa de mis papás.

Mi primer interacción con Microsoft Word no fue tan reveladora como la que tuve con Paint, pero tuvo un mayor impacto a largo plazo. Recuerdo que lo que pensé de Word es que era aburrido, eran letras todas iguales, sin personalidad; pero, después de unos días de ver y probar las fuentes descubrí una, la única cursiva que en ése entonces venía instalada de forma predeterminada con el sistema operativo, la tipografía más bella que yo había visto hasta ese entonces: Edwardian Script.

Me enamoré perdidamente de esa tipografía, no podía dejar de verla, su elegancia y fluidez, toda rebosando de personalidad. Hoy en día es tan común como la Arial o la Times, pero en ese entonces, mi yo de ocho años sentía que había descubierto la rueda. Imprimí el abecedario completo de esa fuente, mayúsculas, minúsculas y glyfos, y me puse a dibujar, trazar, copiar y mezclar esas letras. No lo sabía en ese momento, pero estaba haciendo la forma más básica y esencial del lettering.

Hice eso durante los tres años siguientes, hasta que llegué a la pubertad. Durante los diez años que siguieron me enfoqué en ser un buen hijo, estudiante y bueno, debo admitirlo, también desperdicié mucho de mi tiempo viendo televisión. Nunca perdí mi curiosidad y fascinación por el diseño y las letras, y es por ello que estudié diseño gráfico, pero no fue hasta hace dos años que hice una introspección y decidí tomar en serio el lettering, y ver a dónde me llevaba.

Como ya te platiqué en otro post, los primeros artistas de lettering que conocí fueron Sean Mccabe y Ryan Hamrick, hace aproximadamente ocho años; en ése entonces eran relativamente conocidos, y recuerdo claramente la emoción de encontrar sus blogs y leer toda la información, poca o mucha, que compartían con el resto del mundo.

Ryan tenía un estilo impecable y un excelente ojo para la composición y el manejo de color, por lo que me convertí instantáneamente en su fan. Sus posteos siempre era directos, concisos y con instrucciones muy claras y conceptos fáciles de asimilar. Sean, por el otro lado, es más inspirador, su trabajo es impecable y super limpio, algo que me pareció increíble ya que yo hago un desastre cada vez que dibujo. Sus posteos suelen ser secos pero precisos, y siempre me dejan con una sensación de frescura, como contándome algo que ya sabía pero no lo entendía hasta que él me lo explicaba.

Estos artistas me llevaron de regreso al lettering, me ayudaron a redescubrir mi pasión y me mostraron que una carrera en lettering es no sólo posible sino algo divertido y que puede darte mucho éxito, siempre y cuando inviertas mucho de tu tiempo y tu ser en ello. Ahora me enamoro de las letras un poquito más cada día, y más aún con las redes sociales y todas las comunidades de artistas que las habitan; todos los días me recuerdan que debo inspirarme y crear.